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Nocturna de la Estatua de Javier Villaurrutia

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 Javier Villaurrutia "Nocturna de la Estatua" Soñar, soñar la noche, la calle, la escalera y el grito de la estatua desdoblando la esquina. Correr hacia la estatua y encontrar sólo el grito, querer tocar el grito y sólo hallar el eco, querer asir el eco y encontrar sólo el muro y correr hacia el muro y tocar un espejo. Hallar en el espejo la estatua asesinada, sacarla de la sangre de su sombra, vestirla en un cerrar de ojos, acariciarla como a una hermana imprevista y jugar con las flechas de sus dedos y contar a su oreja cien veces cien cien veces hasta oírla decir: «estoy muerta de sueño».

Décima Muerte de Javier Villaurrutia

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  I ¡Qué prueba de la existencia habrá mayor que la suerte de estar viviendo sin verte y muriendo en tu presencia! Esta lúcida conciencia de amar a lo nunca visto y de esperar lo imprevisto; este caer sin llegar es la angustia de pensar que puesto que muero existo. II Si en todas partes estás, en el agua y en la tierra, en el aire que me encierra y en el incendio voraz; y si a todas partes vas conmigo en el pensamiento, en el soplo de mi aliento y en mi sangre confundida, ¿no serás, Muerte, en mi vida, agua, fuego, polvo y viento? III si tienes manos, que sean de un tacto sutil y blando, apenas sensible cuando anestesiado me crean; y que tus ojos me vean sin mirarme, de tal suerte que nada me desconcierte ni tu vista ni tu roce, para no sentir un goce ni un dolor contigo, Muerte. IV Por caminos ignorados, por hendiduras secretas, por las misteriosas vetas de troncos recién cortados, te ven mis ojos cerrados entrar en mi alcoba oscura a convertir mi envoltura opaca, febril, cambiant...

Llanto por la muerte de un perro

Hoy me llegó la carta de mi madre y me dice, entre otras cosas: —besos y palabras— que alguien mató a mi perro. “Ladrándole a la muerte, como antes a la luna y al silencio, el perro abandonó la casa de su cuerpo, —me cuenta—, y se fue tras de su alma con su paso extraviado y generoso el miércoles pasado. No supimos la causa de su sangre, llegó chorreando angustia, tambaleándose, arrastrándose casi con su aullido, como si desde su paisaje desgarrado hubiera querido despedirse de nosotros; tristemente tendido quedó —blanco y quebrado—, a los pies de la que antes fue tu cama de fierro. Lo hemos llorado mucho…” Y, ¿por qué no? yo también lo he llorado; la muerte de mi perro sin palabras me duele más que la del perro que habla, y engaña, y ríe, y asesina. Mi perro siendo perro no mordía. Mi perro no envidiaba ni mordía. No engañaba ni mordía. Como los que no siendo perros descuartizan, destazan, muerden en las magistraturas, en las fábricas, en los ingenios, en las fundiciones, al obrero, a...

Carta I - Del falso amor

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Es triste tenerlo todo, pero no tener nada seguro, Que mientras lucho, todo es ignorado, ya nada tiene sentido, Piensa: pero si acaso no lo tuviera, ¿Por qué estar aquí?, Encadenados, a la rueda del tiempo, Perdiendo valiosas horas y respiros de juventud.. ¿Por que vivir infelices? Se pueden dedicar palabras banales y vacías,  Pero nada mas que la verdad.  También juntando nuestros cuerpos y cupulando solo para saciar. Vuela fuera de aquí, fuera de este lugar apoteósico, Que lo único que hace es brindar falsa seguridad. Anda camina con alguien mas el empedrado camino que aguarda, Los designios de la vida han cesado, ya no hay un nosotros, Tampoco un futuro prospero que solía imaginar. Poco a poco las circunstancias de la vida se han encargado, De eliminar cualquier rastro de amor que aguardaba en mi.  Que si rio ya no es pensando en ti,  Que si hablo es por inercia y ya no por voluntad,  Que si vivo es para buscarme a mi mismo, Y no caer de nuevo en esa compleja...

Colapso

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  Siempre he pensado que estoy al borde del colapso, Que mientras vivo mi día a día, No hay momento en el que la realidad me quiebre. Veo en retrospespectiva mi vida y todo suele ser caos, Una tormenta de adversidad y de malas decisiones, Y que cuando la lluvia mengua, La verdad duele y punza como vidrios resquebrajados. El presente en ocasiones, se vuelve el peor enemigo, Lanzando bofetadas de realidad y de un trago amargo, Me cuenta: acerca de lo peligroso que suele  ser confiar, no obstante ahí estoy yo,  Abrazandolo como a mi mejor amigo, Brindandole una buena cara y mimos de aliento.  Lleno el vacío con deseos profugos, Lo material es un refugio que llena poco o nada, De una realidad ausente, personas que ahí están, Pero que pareciera invisibilizarme. A veces estoy al borde del colapso... Aunque no siempre. 

Te honro en el espanto

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  Ya que tu voz, como un muelle vapor, me baña y mis ojos, tributos a la eterna guadaña, por ti osan mirar de frente el ataúd; ya que tu abrigo rojo me otorga una delicia que es mitad friolenta, mitad cardenalicia, antes que en la veleta llore el póstumo alud; ya que por ti ha lanzado a la Muerte su reto la cerviz animosa del ardido esqueleto predestinado al hierro del fúnebre dogal; te honro en el espanto de una perdida alcoba de nigromante, en que tu yerta faz se arroba sobre una tibia, como sobre un cabezal; y porque eres, Amada, la armoniosa elegida de mi sangre, sintiendo que la convulsa vida es un puente de abismo en que vamos tú y yo, mis besos te recorren en devotas hileras encima de un sacrílego manto de calaveras como sobre una erótica ficha de dominó. Ramón Lopez Velarde

La historia de un duro hijo de puta

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  Vino a la puerta una noche mojado flaco golpeado y aterrado un gato blanco bizco sin cola lo entré y alimenté y se quedó empezó a confiar en mí hasta que un amigo subió por mi calle y lo atropelló llevé lo que quedó a un veterinario que dijo, “no mucho por hacer… dele estas píldoras… su columna está destrozada, pero estuvo destrozado antes y de algún modo se arregló, si vive nunca caminará, mire estos rayos X, ha sido disparado, mire aquí, los perdigones están aún ahí… también, una vez tuvo cola, alguien se la cortó…” me llevé al gato, era un verano caliente, uno de los más calientes en décadas, lo puse en el suelo del baño, le di agua y píldoras, no comió, no tocó el agua, yo sumergía mi dedo y mojaba su boca y le hablaba, no me movía de casa, pasé un montón de tiempo en el baño y hablé con él y lo acaricié suavemente y el me devolvía la mirada con esos ojos bizcos azul pálido y cuando los días pasaron hizo su primer movimiento arrastrándose con sus patas delanteras (las de atrá...